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martes, 20 de mayo de 2014

Carta de un anciano padre a su hijo


El día que me veas viejo, si me ensucio cuando como y no logro vestirme… ¡tenme paciencia, por favor! Recuerda todo el tiempo que pase para enseñarte a comer.
Si cuando hablo te repito siempre la misma cosa, no me interrumpas… escúchame, cuando eras chico, me pedías que te contara cada noche la misma historia hasta que te dormías.
Cuando no quiero lavarme no te enojes y no me hagas avergonzar… recuerda cuando tenía que correr detrás de ti, mientras inventabas mil escusas para no bañarte.
Cuando veas mi ignorancia en cuanto a las nuevas tecnologías, dame el tiempo necesario no me mires con aquella sonrisa irónica, recuerda mi paciencia al enseñarte el abecedario.
Cuando a cierto punto no logro recordar o pierdo el hilo de la conversación… dame el tiempo necesario para recordar y si no lo logro, no te pongas nervioso… lo más importante no es lo que digo, sino la necesidad de estar contigo, sentirte cerca y ver que me escuchas.
Cuando mis piernas cansadas no me permiten de seguir tu paso no me trates como si fuese un peso, acércate, ofréceme tus fuertes manos del mismo modo como yo lo hice una vez cuando dabas tus primeros pasos.
Cuando digo que quisiera morir… no te enojes, un día comprenderás que es lo que me lleva a decirlo. Trata de entender que a mi edad no ya no hay mucho que esperar y que algunas veces el cansancio, el dolor o la soledad te cambian la vida por la supervivencia.
Un día descubrirás que a pesar de mis errores, siempre quise lo mejor para ti, que siempre intente allanarte el camino.
Dame un poco de tu tiempo, dame un poco de tu paciencia, dame un hombro en donde apoyar la cabeza del mismo modo que lo hice por ti.
Ayúdame a caminar, ayúdame a terminar mis días sintiéndome amado… y en cambio te daré una sonrisa y todo el inmenso amor que siempre tuve por ti
Te amo hijo mío.
Papá

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